TSIROTI: Periodismo especializado hecho por el CEDIA

Editorial:  Un Perú Ajeno

Todos los indicadores macroeconómicos parecen apuntar hacia la prosperidad económica de nuestro país; pero  a decir verdad, nada nos hace pensar que las propuestas del Ejecutivo por mejorar la capacidad del Estado en planificar sosteniblemente nuestro futuro sean producto de una sesuda reflexión sobre nuestro pasado, y menos de un claro conocimiento de la situación  en la que nos encontramos actualmente.
 
Mucho del celo de nuestros gobernantes del pasado ha estado centrado en proteger recursos naturales para el futuro, con la esperanza de que en su momento puedan ser utilizados por los peruanos y para los peruanos; es decir, de que los peruanos gocemos colectivamente del privilegio que nos toca por ser propietarios,  paguemos menos por ellos o busquemos beneficios a empleando plenamente a la población en la transformación industrial con alto valor agregado. Paradigmas o no, estas pautas guiaron a todos los que han pasado por los diferentes gobiernos y, de alguna forma, ello ha quedado plasmado en nuestra vasta legislación.
 
Pero desde que un "sabio", plenipotenciario y extranjero ex gobernante desestructuró al Estado socavando sus instituciones, imponiendo la corrupción como sistema y cambiando la Constitución Política para que todo le fuera más fácil; se puso de moda la búsqueda de la prosperidad a partir de la venta de "las joyas de la casa", pretendiendo incluso enajenar los recursos y servicios más estratégicos para la vida de un país. Y hasta el momento nadie ha pedido cuentas, bajo el argumento "es que eso era una dictadura", planteando de esta manera que a las dictaduras no se les debe pedir rendiciones por sus actos. Pero, acaso hemos llegado ha determinar, mediante una evaluación, cuánto le ha costado a los peruanos esa aventura y en qué se ha invertido el dinero de la privatización. La respuesta es: No.
 
Luego de un régimen ilegítimo y de regreso al sistema democrático, con el gobierno del doctor Paniagua se inicia una fase más peligrosa para nuestro futuro: grandes y modernas concesiones de recursos naturales fueron otorgadas con una legislación preparada por Fujimori y que en su momento no fue revisada y corregida; luego de ello, ya son dos presidentes los que vienen caminando por este mismo sendero y las cosas no tienen indicadores de corregirse, sino de empeorarse.
 
Facilismo, falta de imaginación, ausencia de visión de largo plazo, o lo que fuera; no justifican tomar con tanta ligereza nuestro futuro. Debemos hacer un paréntesis para reflexionar a qué obedece esta tendencia que se viene observando en el gobierno aprista para entregar tan fácilmente nuestro patrimonio, considerando que la filosofía partidaria siempre ha estado más cerca de la nacionalización que de la inversión de las transnacionales o de la privatización.
 
Nos preocupa este tema. No  consideramos que la inversión extranjera o la privatización sea lo peor que nos pueda pasar; de hecho, pensamos que resultaría muy beneficiosa para nuestro país si tuviéramos un Estado que verdaderamente cumpla con todos los peruanos y planifique su futuro sostenidamente; pero nada más lejos de la verdad: nuestros gobernantes no toman en serio el impacto general que ha producido todo el sistema de concesiones en los que hemos estado sumergidos los últimos 30 años.
 
Nuestros gobiernos no se han mostrado sensibles a evaluar los daños ambientales, sociales y culturales generados por las empresas concesionarias; ni el blandengue o inexistente celo del Estado para condicionar las inversiones extranjeras a estándares nacionales establecidos por nuestra propia legislación, y menos a las transnacionales para que apliquen en nuestro país los estándares ambientales exigidos en sus países de origen. Miremos la minería en Madre de Dios, Puno, Huancavelica, Pasco, La Oroya, Cajamarca y donde quieran mirar; miren sus pueblos, sus praderas, sus bosques, su agua, su biodiversidad y su gente. ¿Qué tenemos? Pobreza, erosión de recursos naturales, contaminación, descapitalización del patrimonio del país, de las comunidades; y cada vez más extraños manejando la vida de los locales. Y si esto parece poco, observen a nuestros gobernantes pretendiendo reducir Áreas Naturales Protegidas de alta biodiversidad para seguir concediendo lotes petroleros.
 
"Un Estado ausente, cada vez más lejos de cumplir con los elementales derechos del individuo" es la imagen percibida por las Líneas Base de los Estudios de Impacto Ambiental (EIA) en todas las áreas en los que se han entregado concesiones petroleras en la selva peruana. Éste es el Estado que sin informar a los moradores locales, sin conocer quiénes son, de qué viven, si tienen algún servicio público o lo demandan; compromete la parte superficial de territorios ancestrales comunales y privados individuales, para que su uso y su futuro quede condicionado a los requerimientos y los impactos que una empresa extranjera determine de acuerdo a los intereses de su inversión. Y así, en esos lugares las concesiones quedan reducidas a un "arréglate como puedas con ellos"; con procesos de consultas que son en realidad un check de cumplimiento procesal y no un deseo de intercambio de opiniones sobre el futuro; y con un proceso de negociaciones que resulta ser una imposición de posiciones en la que los moradores locales, desprovistos de todo tipo de asistencia, terminan aceptando, sin querer, un futuro no deseado, siempre con una relación tirante con los concesionarios.
 
Si esta fotografía de las concesiones les parece una exageración, los invito a revisar la Auditoría Camisea; los informes de la Defensoría del Pueblo sobre Camisea, sobre el río Corrientes, sobre el río Pucayacu, etc.; para comprobar que no es una exageración, sino una cruda realidad que es nuestra obligación superar con responsabilidad. Por ello, es indignante comprobar que nuestros gobernantes, lejos de entender y superar estos inconvenientes en forma definitiva, se empecinan en negarlos, taparlos y tratar de "enemigos de la Patria" o "perros del hortelano" a los que observan la ligereza con que se trata el proceso.
 
Con un Estado así, es normal que los que nos sentimos parte de él no deseemos que los gobernantes sigan disponiendo de nuestro patrimonio con tal irresponsabilidad. Es muy lógico que, por estas actitudes del gobierno, los ciudadanos sientan amenazado su futuro; y como consecuencia de ello, prefieran mantener las condiciones actuales, antes que aceptar las decisiones  de los gobernantes acerca de entregar o privatizar recursos, en la medida en que no se está decidiendo vender ni entregar los jardines o la propiedad de un individuo en particular, sino los bienes comunes que nos pertenecen a todos los peruanos. El haber sido elegido como gobernantes no los faculta para ello.
 
¿Y qué decir del tema forestal? No hemos evaluado con seriedad y detalladamente el impacto generado por el proceso de concesiones forestales, que va desde el dimensionamiento y entrega, a cargo del Estado, hasta los impactos generados por la ejecución de los Planes de Manejo, a cargo de las empresas beneficiarias. Al analizar el tema encontraremos nuevamente indicadores sobre la precaria capacidad del Estado para implementar la Ley sobre la materia: No hemos implementado las instancias que intervienen en los procesos de control, supervisión y promoción que establece la Ley; de manera que todo eso funciona por inspiración de una complicada relación entre los concesionarios y el ente rector. Pero cuando podemos comprobar que muchas áreas concesionadas han sido entregadas sin ningún estudio elemental previo para determinar el tipo de recursos que se entregan, la cosa es más seria: Aquí, nuevamente comprobamos que tales concesiones han sido entregadas para que finalmente los concesionarios se acomoden a lo que allí encuentren, incluyendo recursos naturales y pueblos involucrados.
 
Sólo un botón para muestra: En las concesión de Tapiche – Blanco, en Loreto, los beneficiarios no encontraron especies forestales maderables porque un "pequeño error del Estado y un poco de mala suerte" hicieron que los lotes se superpongan con varillales de arenas blancas (un ecosistema preciado, raro, de gran importancia ecológica y de alta fragilidad). ¿Cómo consiguieron los concesionarios hacer sus Planes de Manejo Forestal y cómo hizo el Estado para aprobar estos Planes de Manejo? Eso nadie lo sabe. Pero lo que sí sabemos es que los señores madereros tuvieron que buscar en áreas próximas la madera que nunca encontraron en sus lotes; y así los  tractores, las inversiones y los trabajadores de los concesionarios fueron a parar en la Zona Reservada Sierra del Divisor, donde la tala ilegal viene convirtiendo esta futura Área Natural Protegida (ANP) en un gran campo de festín para madereros ilegales, con la total complicidad del Estado, que éste pretende mostrar como indiferencia,  puesto que todos los funcionarios saben del problema y no ha existido una autoridad que actúe con sensatez. ¿Y cómo sancionar a concesionarios estafados por el Estado? ¿Cómo admitir que los Planes de Manejo son un saludo a la bandera y gozan de la aprobación del ente rector? Al final, todos  hemos perdido: Se ha hecho trizas, mediante tala ilegal que actúa bajo la mirada contemplativa del Estado, una Zona Reservada de alta biodiversidad, que constituye un rico patrimonio de la región Loreto y del país. Esto es sólo una prueba de que con toda la normatividad puesta a su disposición, nuestro Estado, por la incapacidad de sus gobernantes, no funciona y no da confianza.
 
Las concesiones de reforestación anuladas después de un escándalo pusieron en evidencia, ante la población, la ligereza con que actúan nuestros funcionarios y la forma en que proceden los "heróicos" concesionarios de reforestación que motivaron el caso. A esto se suma la publicación de la Resolución de Intendencia No. 152-2007-INRENA IFFS, que da por finalizados los procesos de 324 solicitudes para contratos de forestación y reforestación, la cual nos hace ver que efectivamente el proceso  de concesiones de reforestación y forestación es en realidad otra de las cosas que en el Estado no funcionan, y no sólo por falta de conocimiento o de instrumentos técnicos, sino porque se toma con mucha ligereza -por decir lo menos- el mandato de la Ley; pues con una Ley muy clara se concedieron lotes de reforestación en territorio prístino, el cual no necesita reforestación. La pregunta es: ¿Con qué intención?
 
Tomando en cuenta todos estos antecedentes, ¿cómo entender a nuestros gobernantes cuando proponen, ya no conceder, sino entregar en propiedad superficies del territorio nacional para que con inversión privada se puedan reforestar o forestar, si tenemos un Estado que no sabe si lo que quiere dar en propiedad en la amazonía le pertenece a alguien, o es efectivamente propiedad del Estado? Por ejemplo, muchas de las miles de hectáreas deforestadas en la selva peruana han pasado por proyectos de colonización dirigida y/o espontánea promovida por el propio Estado peruano; sólo es necesario mirar un mapa satelital y ubicar áreas deforestadas para poder comprobar que éstas están donde el Estado propició colonizaciones fracasadas y que en muchos casos se superponen ahora con zonas de narcotráfico. Estos antiguos proyectos de colonización adjudicaron las tierras a campesinos procedentes de otras regiones naturales que jamás contaron con apoyo del Estado para entender la dinámica de la sostenibilidad agraria de las tierras amazónicas; si revisamos esos procesos, nos encontraremos con la sorpresa que en su momento las áreas deforestadas fueron calificadas como Tierras Agropecuarias y muchas de ellas fueron adjudicadas por el Estado.
 
Conocer o reconocer esta situación es un proceso tan complejo como el reto de sanear nuevamente la propiedad rural en el Perú o evaluar el potencial conflicto de intereses que esto traería consigo, lo que se evidenciaría en su momentoPero como el gobierno tiene la disposición de imponer esta voluntad política  por encima de todo, habrá que hacerlo de la mejor manera posible a pesar de las cincunstancias. Sin embargo, ¿qué haremos con las cosas pendientes?, ¿qué haremos con el reclamo casi eterno de los pueblos indígenas a quienes el Estado, a pesar de toda una gama de normas nacionales, convenios internacionales suscritos de buena fe y la propia constitución que reglamentan al respecto, no ha cumplido con reconocer en propiedad sus territorios ancestrales? ¿Les seguiremos diciendo que no hay presupuesto para atender sus reclamos de títulos de propiedad que les permitan dejar a salvo sus derechos en las relaciones con las concesionarias; o seremos tan "sinceros" en relación a los indígenas aislados, como lo son los altos funcionarios del Estado -en especial el presidente de Perúpetro- en hacer que se enteren de una buena vez que ellos han estado sólo en la mente de los antropólogos, pero que en realidad "no existen".
 
Con voluntad o sin ella, el Estado ha estado  timando a nuestros pueblos tradicionales desde hace muchos años; y, si ahora está pensando en una subasta del territorio nacional, es tiempo de saldar cuentas. La Ley de Comunidades Nativas y de Desarrollo Agropecuario de las Regiones de Selva y Ceja de Selva (D.L. 20653), ahora derogada, disponía entregar en propiedad y de oficio los títulos de propiedad de la totalidad de los territorios ancestrales, e incluso reivindicarlos si se encontraban en manos de terceros. Más adelante, la nueva Ley  D.L 22175, vigente en la actualidad, establece lo mismo, pero incorpora el Artículo 11°, que limita el derecho de propiedad del territorio comunal reconocido solamente a las tierras agropecuarias y establece la modalidad de cesión en uso para entregar las tierras forestales. Durante  muy poco tiempo estas cesiones en uso fueron entregadas por la ex Dirección General Forestal del Ministerio de Agricultura, pero desde 1992, año en el que el ex Proyecto Especial de Titulación de Tierras (PETT) se hace cargo de la titulación de las comunidades, y desde que INRENA aparece en escena, es evidente que la política fue nunca más entregar  los Contratos de Cesión en Uso de las tierras forestales.
 
Muchos reclamos han sido efectuados ante las diferentes instancias del Estado, por organizaciones indígenas y ONG´s que han acompañado estos procesos. ¿Y qué se ha determinado de todo eso?: Que hay una clara posición de los funcionarios del INRENA, las Direcciones Regionales Agrarias del ex-PETT, y otros organismos del Estado involucrados, de no querer asumir quién debe otorgar los Contratos de Cesión en Uso; y aun cuando la Secretaría del Ministerio de Agricultura determinó en el 2004 que es el INRENA quien debe encargarse de ello, hasta ahora nadie toma acción, y en lo que va del proceso, el Estado no cumple con entregar las tierras forestales en más de 7 millones de hectáreas a comunidades que aparecen en los listados como tituladas, pero que en realidad no pueden ejercer plenamente sus derechos porque el Estado "no sabe" cómo se hace o quién debe hacerlo. Y en el caso de las comunidades más remotas, a las cuales el Estado no ha reconocido ni titulado, ¿quién las atenderá y cuándo? Si en 34 años de aplicación de la Ley de Comunidades Nativas se ha avanzado con 1000 comunidades, es decir, un promedio de  29 por año, ¿cuánto tiempo llevará a nuestros gobernantes sanear lo pendiente y concluir con  la titulación de unas 350 comunidades nativas que faltan ser tituladas? El cálculo nos indica que serían unos 12 años. ¿Podrá la COFOPRI concluir este trabajo en cuatro años -además de todo el trabajo pendiente en cuanto al catastro territorial- como argumenta el Ejecutivo con la nueva propuesta de ley para entregarle facultades extraordinarias.
 
Es muy urgente sanear los pendientes con las comunidades nativas de nuestra amazonía, reconociendo y entregando la propiedad de sus territorios ancestrales sin ninguna discriminación por las clases de tierras. Este tema técnico, que nunca tuvo ninguna justificación, debe ser abolido definitivamente, a la luz de un mejor conocimiento de la forma en que los pueblos indígenas han sobrevivido en su medio, sin olvidar nunca que es gracias a ellos que las áreas deforestadas en la selva no aumentan con la velocidad con que seguramente lo harían si dichos pueblos no estuvieran allí para resguardar este patrimonio.
 
Por desconocimiento o por improvisación de nuestros gobernantes, estamos en una gran ola que la voluntad política orienta hacia la subasta del país como si ésta fuera el mejor camino para consolidar una economía más fuerte y más próspera. Pero, ¿cuál es el apuro?; si no sabemos qué haremos con los recursos que obtendremos por la venta y menos aún tenemos un cálculo serio del costo-beneficio de la decisión, pues no existe una planificación a largo plazo porque no hay un ente que la diseñe. Estamos subastando lotes petroleros en todo el país, concediendo todo lo que podamos como en una gran competencia universal por una medalla; pero no tenemos una estrategia nacional para sustitución de energía en el mediano y largo plazo. ¿En qué invertiremos los recursos generados por el petróleo, el gas, las tierras, los bosques, etc.?
 
El CEDIA ha creído oportuno y conveniente poner en debate el tema de las concesiones y las ventas de recursos naturales a travez de su portal electrónico Tsiroti.com, porque consideramos que es un asunto sobre el cual no debe sustraerse ningún peruano, ya que toca directamente la seguridad de una vida futura digna para todos. Ésa es la intención de este material  que ahora les entregamos. Discrepen, coincidan, propongan, descalifiquen, pero no se mantengan callados; porque el silencio siempre ha protegido lo injusto. Todos debemos promover y priorizar el fortalecimiento de la capacidad del Estado para que realmente cumpla con su rol de proteger al ciudadano, a sus recursos naturales, a su patrimonio cultural; y para que haga que las leyes se cumplan. Si seguimos en este sendero, los peruanos y las peruanas continuaremos pagando el combustible más caro del mundo, con las repercusiones que esto tiene en la composición del costo de vida;  luego, nuestros hijos e hijas o nuestros nietos y nietas -siendo también peruanos y peruanas- vivirán en un Perú perfectamente ajeno, sin recursos, sin esperanzas; y siendo hoy el Perú uno de los 12 países más mega diversos del planeta, tendrán que ir en viaje de ecoturismo a Costa Rica para observar biodiversidad.

Escribe: Lelis Rivera, Director de Tsiroti.com

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