09 de Octubre del 2009.

La deforestación es el primer paso en el intenso proceso de cambio de uso del suelo en la Amazonía. Foto: Enrique Castro Mendívil / PRODAPP; Informe GEO-Amazonía.
Tal vez hacemos mal al referirnos a la Amazonía como nuestra. Debo confesar que al estar leyendo los primeros subcapítulos del Informe GEO-Amazonía, me adueñé de un pedacito de este territorio, porque ante tanta amenaza de destrucción a nuestro planeta, llegué a creer que la Amazonía es quizás, aquel lugar que me podría salvar del desastre. Puro egoísmo.
La Amazonía no es una reserva natural para toda la humanidad. Si en algún momento llegamos a pensar o sentir eso, es porque estamos pensando igual que todos los demás que han ingresado, por distintas razones, pero que finalmente le han hecho daño. Y lo más terrible aún: Si hemos pensado así es porque hemos ignorado por completo a todos los que habitan en esa región; es decir, una vez más habríamos desconocido a los dueños de la Amazonía, que la habitan desde tiempos inmemoriales.
Como bien recuerda el Capítulo 2.3 Cambio de Uso del Suelo del Informe GEO-Amazonía -que por cierto son dos carillas que pueden ser leídas en tan sólo 20 minutos, con repetición incluida- “la Amazonía ni es virgen ni es un espacio vacío”, y mucho menos “un inmenso laboratorio donde las fuerzas de la naturaleza actúan sin la intervención humana”. Quienes hayan leído o vienen leyendo este informe sabrán la larga historia de ocupación humana en ese lugar.
Si la Amazonía es considerada la última frontera de la humanidad, no es porque haya permanecido sin contacto alguno con el hombre. Pensar eso sería como afirmar que los humanos no podemos vivir en armonía con la naturaleza, y eso queda totalmente descartado, ya que por suerte hay humanos que han convivido en armonía con ella durante miles de años. ¿Quiénes? Los pueblos indígenas.
Pero lamentablemente la naturaleza, aun con sus aliados que viven en armonía con ella, no puede competir con la ambición. La ambición tiene como aliado principal a la tecnología y el poder económico.
Mientras los gobiernos de los países amazónicos sigan pensando o viendo a la Amazonía como una tierra sin hombres pero con grandes oportunidades y riquezas para el desarrollo de distintas actividades económicas, muy pronto los nativos serán historia o simplemente también, quieran o no, estarán comprando sus alimentos en Metro y comprándose ropa en Saga o Ripley. Entonces podremos ver como la agricultura, la actividad ganadera, la minería informal, la tala ilegal, las represas, las carreteras y las empresas de hidrocarburos triunfaron en la Amazonía.
Por lo pronto, uno de los elementos más afectados en la Amazonía son los suelos, que por el cambio de uso al que son sometidos están contaminando la atmósfera. Justamente lo que menos necesitamos (todos: quienes viven ahí y quienes vivimos fuera) en esta época donde se habla tanto del calentamiento global. En todo caso lo correcto y lo humano sería respetar a los dueños de la Amazonía y conversar con ellos para saber qué opinan y qué quieren hacer. ¿Tal vez el Gobierno descubre que ellos no están en contra de las empresas de hidrocarburos de manera absoluta? ¿Tal vez descubrimos que ellos no quieren vivir como nosotros porque prefieren vivir cazando con su lanza, recolectando, pescando, pintándose la cara? Y si fuera así. ¿Nos vamos a oponer a que sigan viviendo como hasta ahora? ¿Qué, está mal que vivan así? ¿Por qué? Acaso no son ellos los que mejor han conservado la naturaleza y hoy son perseguidos justamente por eso.
Los pueblos indígenas tienen los mismos derechos que todos los demás y eso incluye a cualquier ser humano del planeta tierra. Ya lo dice la Declaración Universal de Derechos Humanos en su artículo 1: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.” También claro, necesitan tener algunas leyes especiales con respecto a ellos, como las tienen otros grupos humanos.
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Escribe: Yanina Arana; Colaboradora.
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